lunes, 16 de febrero de 2015

Se requiere una lúcida barriga,
un hábitat fugaz de noche cálida
cuya matriz construya la crisálida
que en doloridos pétalos sea miga

primero, un migajón después de humano,
ya de pronto una pierna, una espaldita,
un cuello (un reposar de estalactita)
un corazón audaz, allá una mano

(de aquí te vemos por ultrasonido)
un rostro delineado apenas, gesto
tan prenatal, tan sierenado, nido

de una consciencia acaso tras cortina,
tras el mundo, detrás: el todo puesto;

justo antes de llamarte Clementina.  

lunes, 2 de febrero de 2015

dicen que hay pocos temas de escritura,
el amor y la muerte,
el tiempo que al pasar
se transforma
en una de esas dos y se moldea,

ocultando que siempre está en la mira
un deseo irrefrenable
de aparecen con fuerza
de estar más
de presentarse al fin como una lucha.

Está la guerra, entonces, la armadura
de máscara doliente
de enhiesta espada vana,
de prótesis;
hacerse un estandarte de lo eterno.

Y después se va solo a la farmacia,
se recorta una foto
de un diario de otro día,
y al trabajo
se dice claro al jefe que reclama.

reviviendo el transporte en estaciones,
nos colocamos firmes
ante el embate sordo,
cotidiano
y vamos otra vez hacia el olvido.

Y chocamos con otros en sus ida,
ahí viene otro olvido,
otro surco del tiempo,
y el asiento
se lo sede un cansado a una señora.

Quiero volver al fin a ver si un día
frente a la página
me reitero a mí mismo
y aún firme

escribo otro poema y me lo leo.

viernes, 23 de enero de 2015

la luna socarrona, sola, altiva,
brillante en su sonrisa e inconsciente,
nos mira desde ahí, nos ve sonriente,
inmune al ánimo de tu partida.

ni se inmuta, se mueve, no perdida
sino siguiendo el cause del silente
andar en torno, rígida, demente,
tomada de la luz y consumida.

sólo para volver con otra muerte,
creciente, lúcida y vivaz, sin ira,
sin molestia, tan vasta; y se retira
sólo por demostrarnos que está inerte.

¿sabías, por ejemplo, que es por suerte
por azar, que de aquí se ve, se mira,
del exacto tamaño el sol que gira
que ella -desde aquí-  y es pura suerte,

que cuatrocientas veces más pequeña
la luna, está tan lejos, justamente
cuatrocientas también exactamente
cuatrocientas lejana, y más pequeña?

sardónica, impostada en la distancia,
sonriente, diminuta, evanescente,
infeliz, tan precisa, tan hiriente,
tan convertida en símbolo de mi ansia.

recuerdas, ese dark, y cuántas veces,
una vez y otra vez, pachecos, locos,
completos, desmedidos, como pocos
totales, como pocos bastos, peces

de una misma pecera, consonantes.
pero no, luego no, luego pesados,
exigentes, atroces, disgustados,
mal urgidos de todos los instantes,

con la prisa de quien regatea
al presente su condena vana
de existir en instantes, y se afana
en torturar el tiempo que boquea.

y cómo ríe, sin risa ni condena,
ni olvido ni pasión, desde la altura,
siempre ya consumada en su escultura
de polvo gris, inalterada y plena…

nosotros como árboles de día,
despojados de pájaros y nidos
huérfanos de nosotros, impedidos,
nos aferramos a nuestra crujía.

inmune al ánimo de tu partida,
a nuestras exigencias insensible,
en un mundo fugaz e inasible,
la luna es cómplice y no despedida. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

a la vuelta de todas las esquinas
en los parajes mustios e insondables,
ahí donde los cuerpos incansables
se penetran en lánguidas inquinas,

ahí –digo– en la cúspide del beso
en donde enamorar es una bestia
de maremotos nobles, la molestia
de lo real, se hace infrecuente, y eso,

–eso que eres tu y yo­– se desvanece,
para dar paso a la incansable pena
de vivir lo total, lo irremediable;

ahí donde la noche no amanece,
donde vivirte acosa y te hace ajena,

soy yo, cero a la izquierda, inalcanzable…

martes, 22 de julio de 2014

Juanito Farías va en coche a la muerte

 la charca burbujeaba de mugre y gasolina 
reflejando una luna deforme de solvente , 
la calle como un áspid que engulle una letrina… 

El coche refulgía sus deudas con el tiempo 
como aleteos de ave con vuelo funerario, 
cuatro ciclista límpidos, vestidos de destiempo 
vieron llegar el miedo a golpe de sicario.

Juan Farías, adusto, sereno y desgraciado
ve caer el telón aún sin comprenderlo,
un poste como intruso las biclas ha salvado:
como una puñal clavose, Farías en el cemento.

Las sombras como parcas hicieron en un corro
surgir a los mirones ya mudos como estacas
afianzando la vida y desgañitando un porro;
así se lo llevaron, habitado de parcas

y ya en el otro mundo, sin ser bueno ni malo
−Ir en coche a la muerte− pensó –eso es muy orondo–
es pérdida total, el carro quedó mondo
y hubiera preferido mi caballo de palo.

viernes, 11 de julio de 2014


observo al fin el tiempo transcurrido
como un sujeto de hiedra y sedimento
incentivo de soles y moliendas
tomadas por piratas de naufragios

tengo por corazón un grano inmune
a la historia
una obsidiana oscura y tallada
por los indios de roble
que sobrecargan la afrenta de los años

siento pasar la vida
y su escritura es cada vez más carne de polillas

Pero afuera los signos luminiscentes
prometen al escolar su cura clara
su descollar inmenso
su plan para mañana

Mientras la voz que le da tiempo al sonido de los pájaros
murmura un adiós patente y susurrante
que no tiene final por ser comienzo
y por estar inaudible para los que están sentados
y sostienen su flor de loto como bandera terrestre

pero tiemblan el miedo de los idos
al ver a su progenie malgastar tristeza
en ver pasar los años

cantando sus hijos.

lunes, 16 de junio de 2014


Iba una vez una hormiga reina caminando por su jardín particular cuando observó que todo estaba tremendamente invadido de otros seres vivos llamados plantas (en nuestro idioma) y pensó que ojalá se murieran para poder seguir ahí sin esa molesta presencia. Pero de pronto le vino a la mente que, de morir las plantas a las que odiaba, no podrían vivir más allí las bacterias Xanthomonas y que, de ser así, podrían caer sobre su cabeza y asfixiar el reino. Entonces lanzó una plegaria para que lloviera raid mata bichos. Su plegaria fue escuchada. Otras hormigas, posteriores, mundanas, le construyeron un monumento de tierra. Ah qué altos vuelos, qué nobles búsquedas. ¡Ah! El monumento duró ahí toda una primavera.

Y la tercera trivia de manifiestamente es: ¿cuánto duró esa primavera de hormiga?
     a)    28 días
     b)   24 horas
     c)    3 meses